Era un día como cualquier otro en el Bosque al lado del Camino. Era un día como cualquier otro, excepto por ser un día exactamente opuesto a lo esperado.
Era un día soleado, el aire olía dulzón, almas, espíritus, cuerpos y seres paseaban por el Camino sin prisas, sólo disfrutando de la vista que se les ofrecía.
Alma estaba sentada en un claro del pequeño Bosque que crecía sin prisas, observando unas flores que se abrían tímidamente ante los rayos de sol. Tenía la nariz roja a su lado, salpicada de tierra, y unas cuántas semillas al otro lado, mientras con su mano movía un montón de tierra para acunar las semillas ya plantadas.
Más allá se escuchaba a Espíritu, paseando por el Camino, murmurando para si mismo, a ratos miraba a alguien y comenzaba a decirle cosas con furia, a otros les hablaba con amor y ternura. A algunos, simplemente los ignoraba.
Era un día como cualquier otro en el Bosque al lado del Camino, sólo que más de algo no estaba en su lugar acostumbrado.