¿Puede un Alma quedarse en el Camino esperando a un Espíritu para ayudarlo? ¿Puede un Espíritu entrar al Camino una vez más para ayudar a un Alma? Estos troncos quemados y estas piedras son prueba de aquello..
viernes, 8 de mayo de 2009
De Almas trizadas y otras cosas. (Y de cómo el Espíritu ayudó)
Estaban el Alma Porfiada y el Espíritu Sensato sentados cada uno en su lugar, el Alma en el Camino de tierra, el Espíritu en la roca dura. Se miraban sin decirse nada, sólo contemplando al ser que tenían en frente, el Espíritu respiraba lentamente, mientras que el Alma estaba ansiosa, sonriendo. De pronto, algo en el Cielo comenzó a cambiar imperceptiblemente, una nube cruzó valerosa tapando el Sol, el Alma miró como se oscurecía lentamente, como si fuese el presagio de algo más. Se removió nerviosa en su sitio, mientras el Espíritu sólo la observaba con su eterna calma. El Alma se levantó, caminó un poco intentando mirar qué sucedía, intentando alcanzar con la mirada el Fin del Camino. Y ahí pasó. Escuchó a las otras Almas murmurando "Se ha ido, se ha ido" y vio a aquella Alma Sabia dar los últimos pasos, yéndose del Camino. Se dobló por la mitad, con un espasmo de dolor cruzando su etéreo rostro, no podía creer lo que sucedía, a pesar de saber que esa Alma había estado caminando en la línea divisoria por tanto tiempo. Se dobló por la mitad sin querer ver, sin poder respirar, sin poder articular sonido alguno, sin poder ver ni sentir nada más que los susurros contenidos de las Almas. Alzó la mirada y observó. Observó inexpresiva, intentando contener la trizadura que amenazaba con romperla en dos, intentando contener lo que no quería que saliera, observó mientras cruzaba sus manos sobre su transparente pecho, mirando el Fin del Camino sin realmente observar. Sin soltar sus brazos del firme agarre, caminó un poco. Avanzó sin saber qué hacer, avanzó por avanzar, avanzó para no pensar. Intentó consolar a otras Almas que también sentían la partida del Alma Sabia, componiendo sonrisas y actuando en el lugar de otros. Evitó tanto como pudo el contacto directo con las Almas, tomaba sus pedidos y las ayudaba en sus quehaceres, pero no se mantenía ahí el tiempo suficiente para ver los resultados. Evitó tanto como pudo quedarse sola y enfrentarse a lo sucedido, no quería romperse otra vez. Caminó de un lado a otro sin detenerse mucho tiempo en ningún lugar, caminó sin rumbo, caminó por el hecho de caminar. Hasta que un par de Almas y un Espíritu la detuvieron. Llegaron a su encuentro y la sostuvieron firme, la afirmaron, le hicieron sentir su calor, le hicieron sentir su compañía, le transmitieron la calma que la pequeña Alma tanto necesitaba. Agradeció con la mirada a las Almas y al Espíritu, quien valientemente se había levantado de su roca para reconfortar a la pequeña Alma en la mitad del Camino. Ya pasado un rato, el Alma alzó la mirada y vio el Cielo celeste otra vez, con el Sol brillando en lo alto, al Oriente. Un nuevo rayo se habían unido al Sol, iluminando el Camino..
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Alma...las cosas suceden...ya te he dicho mucho y a la vez tan poco. Pero ya sabes. Cuando las otras Almas crean que ya estás bien, cuando el dolor parzca incluso ridículo...mira a ese costado del camino. Mira la roca. Ahí estaré esperando para contenerte de ser una eternidad si es necesario. La sensatez es una virtud...lo es más la paciencia.
ResponderEliminarNo te neigues una lágrima, que las Almas lloran diamantes. Ni te niegues la soledad, que las Almas temen tanto. Hay cosas que las Almas no entienden, pero que los Espíritus agradecidos están dispuestos a contar...
No te haz roto, Alma Hermosa...simplemente te trizaste un poco. Duele, pero ya sabes que sobrevivirás y volverás a sonreír. Y a pesar de que queden marcas de esa grieta, te verás aún más hermosa.
Espíritu del Bosque