viernes, 8 de mayo de 2009

Las enseñanzas de los Espíritus (y las cosas que las Almas desconocen)

Sentado en la roca, como siempre. A mis espaldas, el Bosque calcinado, mi Bosque casi olvidado. En el medio, restos de como alguien sacudió las cenizas y plantó una rosa, que ya no está. ¿La rosa? En las manos de un Alma que se sienta en el Camino, cansada, agotada.

Y comenzar a susurrar, para quien desee escuchar...

Las Almas no saben que existen dolores gigantescos, hasta que los viven. Las Almas ignoran que esos dolores dejan griestas, hasta que son ellas mismas las que se trizan. Las Almas no imaginan que el Sol desaparece, hasta que ya no los ven. Y he aquí lo que un Espíritu sabe...

Los dolores son gigantes, crueles, tontos, pero gigantes al fin. Tienen un punto débil, que es más fuerte de lo que creen. No se le derrota con armas o con fiereza. Almas, si ese dolor es un gigante, simplemente miren y sonrían. Los gigantes no son malvados, sino incomprendidos. Pero tampoco hay que comprenderlos. Hay que aceptarlos, sobrellevarlos, vivir con ellos y no desear morir por ellos.

Los dolores dejan grietas. Y esas trizaduras dejan marcas que no se borran jamás. Pero no las cubran, no las tapen. Esas marcas son la señal de su infinito bien, de su increíble fortaleza. Esas marcas las hermosean, las humanizan. No las cubran, no le nieguen al mundo la sobrenatural belleza de su propia imperfección.

El Sol desaparece porque es inestable, es abstracto y es impredecible. Pero no vivan del Sol. En medio de las Sombras también pueden encontrar paz, también hallarán aquella ligera alegría que trae la nostalgia.

Alguien una vez me dijo que los Espíritus pueden transformarse en Almas. Yo les digo que las Almas sí se pueden transformar en Espíritus...pero es tan triste, tan trágico, que no vale la pena llegar a tan cruel final.

No sean Espíritus dependientes de un Bosque. Sean Almas libres de un Camino. Llenas de marcas, de cicatrices, de vida. Pero libres. No vaya a ser que un día entren a un Bosque para no salir más...o para terminar en una roca sentados, deseando volver a sentir lo que antaño.

No confío en ti, Alma Traviesa. Pero esta charla es lo máximo que te puedo ofrecer ahora. No deseo habitar en tu corazón. Pero me dedicaré a observarte hasta que yo tenga el mío, de ser posible. No puedo jurarte que sonreiré. Pero si este rostro serio y "sensato" te da paz, es porque de verdad deseo brindártela.

No llores por mí, Alma...llora por ti y tu dolor, porque tus lágrimas son diamantes. Y en cuanto a esa Alma Sabia...te juro que habrá un Espíritu que murió en un incendio de Bosque que le dará la bienvenida y le mostrará la manera en que la Luna besa cada noche al Sol.

los Espíritus mueren...pero se dedican a recibir a todas esas Almas que los ayudaron...o que ayudaron a otros Espíritus.

El Espíritu del Bosque Bohemio recibirá al Alma Sabia...todo porque el Alma Porfiada se sentó sonriente frente al Espíritu del Bosque Triste...

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